La Leyenda del Molino.

Cuentan los lugareños que en la zona más elevada de Lujan, la que posteriormente fuera llamada La Loma, era el territorio de encuentro de trabajadores, viajeros y otros. Esto era así por el abastecimiento y depósito de agua que brindaba un molino.

La cercanía al Camino Real, el cultivo, la cosecha y la producción de miel eran algunas de las tantas actividades que orbitaban al gigante de metal y que originaron grandes campamentos.

Por las noches alrededor del fogón, los asados, las guitarras, la taba y el alcohol se reunían apicultores, ganaderos, agricultores, gente de paso… de ahí, el origen de esta leyenda.

Los fuertes y cálidos vientos del norte o los enérgicos y fríos vientos del sur hacían girar las aspas del molino produciendo un sonido que alteraba las emociones de uno de los trabajadores al que sus semejantes, a modo de burla, lo apodarían Quijote.

Quijote era responsable en sus deberes, cumplidor en tiempo y forma, solidario y generoso con sus compañeros. Pero, la combinación del alcohol con el ruido producido por las animosas corrientes de aire en el eje del molino lo convertían en un ser irracional. No soportaba la acústica metalera. Ese eco agudo taladraba sus oídos y su cerebro.

Emocionalmente rabioso, el ebrio arremetía con furia contra la dureza de la enorme estructura intentándolo callar.

Machetes, tridentes, palas, guadañas… fueron algunas de las armas con las que el pobre delirante pretendía silenciar al enorme de fierro.

Atroces e interminables, absurdas batallas se originaron en aquellos tiempos. Cada noche en las que el alcohol y los fuertes vientos se chocaban, el sonido del molino era motivo para una nueva pelea.

Los resultados de aquellos combates están a la vista: ¡El molino sigue en pie!

Del delirante no se sabe nada. Tal vez fue despedido de sus labores o en un momento de lucidez decidió retirarse a otros pagos donde no sea molestado por los chillares de los fierro. ¡No se sabe!

Hoy las aspas del molino continúan girando.

Algunos dicen que los ruidos de su eje son el lamento por la ausencia de su fiel contrincante. Otros aseguran que es la voz del guerrero alardeando su victoria. Hasta hay quienes opinan que es una provocación dirigida a ebrios y delirantes.

Son muchas las explicaciones respecto de esta resonancia, pero de algo estamos seguros: los engranajes del molino están muy bien engrasados y no deberían generar tanto ruido al recibir los cálidos vientos del norte o los fríos vientos del sur.

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